lunes, 22 de diciembre de 2008

Un Tal...

PalabrasEncrucijadas es un espacio nacido para la reformulación y el garabato antojadizo y arbitrario. Ni siquiera una aproximación trémula a la reescritura, apenas lo dulce con lo agrio, la luz con la sombra, lo escrito con lo imaginado… mezclas.
El mecanismo es sencillo, apenas un juego inquieto, tomar un texto de otro y escribir, a partir del escrito original, lo que surja, lo que venga, lo que se deje trazar, lo que alcance a pincelar… por nada, por diversión, por puro escapismo, por emulación barata… un apenas, casi un tal vez, una simulación descarnada, ni modo… un mapa de otro que lleva a cualquier parte… ahí va con Cortazar…



¡Qué tal López!!

de Julio Cortazar


Un señor encuentra a un amigo y lo saluda, dándole la mano e inclinando un poco la cabeza.

Así es como cree que lo saluda, pero el saludo ya está inventado y este buen señor no hace más que calzar en el saludo.

Llueve. Un señor se refugia bajo una arcada. Casi nunca estos señores saben que acaban de resbalar por un tobogán prefabricado desde la primera lluvia y la primera arcada. Un húmedo tobogán de hojas marchitas.

Y los gestos del amor, ese dulce museo, esa galería de figuras de humo. Consuélese tu vanidad: la mano de Antonio buscó lo que busca tu mano, y ni aquélla ni la tuya buscaban nada que ya no hubiera sido encontrado desde la eternidad. Pero las cosas invisibles necesitan encarnarse, las ideas caen a la tierra como palomas muertas.

Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla. Estas dos sensaciones igualmente cerca del estómago acompañan siempre la presencia de Prometeo; el resto es la comodidad, lo que siempre sale más o menos bien; los verbos activos contienen el repertorio completo.

Hamlet no duda: busca la solución auténtica y no las puertas de la casa o los caminos ya hechos -por más atajos y encrucijadas que propongan. Quiere la tangente que triza el misterio, la quinta hoja del trébol. Entre sí y no, qué infinita rosa de los vientos. Los príncipes de Dinamarca, esos halcones que eligen morirse de hambre antes de comer carne muerta.

Cuando los zapatos aprietan, buena señal. Algo cambia ahí, algo que nos muestra, que sordamente nos pone, nos plantea. Por eso los monstruos son tan populares y los diarios se extasían con los terneros bicéfalos. ¡Qué oportunidades, qué esbozo de un gran salto hacia lo otro!
Ahí viene López.
-¿Qué tal, López?
-¿Qué tal, che?

Y así es como creen que se saludan.



Julio Cortazar







Un Tal...

El auditorio tiene olor a conferencia, la tarde y las butacas rotamente antiguas impiden la equivocación. En el escenario una mesa con su silla, sobre la mesa una jarra con agua reciente y una copa muy fina, donde prisma la luz de un foco tenue y amarillento.

En el lado derecho y adelante del escenario, cuelga un cartel, colorido, murmurador, anunciando:

Ciclo de Conferencias “¿Quién dijo que todo está perdido?” En la línea de abajo del cartel se lee: Hoy 20.30 horas “¡¡...!!” conferencia a cargo de: Un Tal López.

Sobre el fondo del escenario otro cartel menos colorido, hijo del uso y el traslado habitual, las palabras están impresas en tamaños, caligrafías y colores diferentes, huérfanos de cualquier patrón o diseño, tiene escrita la siguiente frase:

“ Los astrónomos aseguran que el universo es finito, lo cual no deja de ser reconfortante para aquellos que no podemos recordar donde dejamos las cosas.” Frank Zappa.

Los asistentes son en si mismos una tribu diversa, ecléctica y colorida. Provienen de esquinas que se difuman en las tardes, se han encontrado en bares pulguientos y han viajado en colectivos que vienen atiborrados desde ninguna parte.

Algunas de las butacas del teatro se encuentran especialmente elegidas, reservadas y aún vacías. En estos sitios siempre terminan ubicándose los actores – público. La platea los espera con mayor entusiasmo que al mismísimo Un Tal López.

En el ambiente suena una tenue música de jazz, que primero tiene un volumen apreciable y progresivamente baja hasta cubrir apenas el ambiente. Al comenzar la conferencia propiamente dicha la música desaparece como quien cae atrás de la línea del horizonte.

La ceremonia se reitera con pérfecta sincronía.

El ambiente bucólico sólo se interrumpe con un grito en off:
- ¡¡Cómo que todavía no llegó López!!!... Lo ubicaste. Dame el teléfono!!!

A partir de aquí, comienzan a llegar los actores que se encuentran con otros actores dentro de la sala, cada uno responde a profesiones o condiciones sociales diferentes, se saludan con abrazos, besos en ambas mejillas, a los gritos, a la distancia, entrelazando las manos, golpeando las palmas, con breves toquecitos en la espalda, piquitos, besos apasionados, saludos indiferentes, estrechando las manos o con besos antipáticos en las mejillas, tímidas sonrisas, empujones o muecas. Saludos tan expresivos que despiertan la atención de los auténticos espectadores… aunque a esta altura es imposible distinguir a unos de otros.

Mientras esto sucede entra López sin que nadie lo perciba específicamente, con tímida premura, sube subrepticiamente por un costado del escenario, ocultándose rápidamente entre bambalinas. Los actores – público bajan el tono de sus charlas quedando un murmullo inquieto sobre ellos. Se escucha en off, primero al mismo que reclamaba por López hace instantes y luego al propio López diciendo:

Anchorena
López, por fin llega, me quiere decir dónde estaba!!!

López
(muy retraído y educado) Discúlpemeee, señor Anchorena, perdónemeee, el taxi que me traía tuvo un inconveniente de tránsito y entonc...

Anchorena
(visiblemente apurado) Bueno... bueno después me cuenta, López... prepárese que el público lo esta esperando y se impacientan!!!

Los actores – público, como recibiendo una instrucción poderosa, comienzan a mostrarse visiblemente impacientes y ofuscados, hasta que la luz decrece y …
… entra López.

Una mujer sale desde el público y corre desesperada, sube al escenario, trastabilla, Casio cae, pero alcanza a besar a López, quien se ruboriza, aún sabiendo que es una de las actrices – público, la mujer insiste por un autógrafo, en su libretita descolorida, visiblemente inquieta y apurada. De repente, mientras López escribe una de sus 28 dedicatorias exclusivas, la mujer descubre que nadie la detiene, que nadie impide que esté junto a López, se desilusiona visiblemente, le arrebata la libretita a López y baja maldiciendo en voz baja. Cuando llega a su butaca el espectador de la derecha la felicita y pondera con el de atrás la actitud valiente de la fanática.

López se acomoda en la silla, se sirve agua y toma un leve sorbo y pone gesto de desagrado, un agrio sabor le corre ahora por su garganta... Desde afuera, en off, la voz de Anchorena:

Anchorena
Empiece de una buena vez López, estamos pasados...

López es un conferencista profesional, tiene la voz y la pose corporal perfectamente aprendida e impostada, asume una postura impecable de conferencista avezado.

Ya no parece aquel López que conocimos al entrar, en realidad ahora es el conferencista, es verdaderamente “Un Tal López”, el cambio es sorprendente y despierta algunos leves comentarios de los actores – público, tanto como de los asistentes, el comentario se difuma en elogios para López, López “el conferencista”, no el otro López… este.

López
Un señor encuentra a un amigo y lo saluda, dándole la mano e inclinando un poco la cabeza... Así es como cree que lo saluda, pero el saludo ya está inventado y este buen señor no hace más que calzar en el saludo.

(mientras esto dice dos de los actores - público se levantan desde sitios alejados y se saludan tal como describe López, luego salen abrazados y conversando como si nadie los viera. López interrumpe su alocución y espera a que se retiren, pero lo toma con absoluta naturalidad).

López
(continúa naturalmente) Llueve. Un señor se refugia bajo una arcada. Casi nunca estos señores saben que acaban de resbalar por un tobogán prefabricado desde la primera lluvia y la primera arcada. Un húmedo tobogán de hojas marchitas.Y los gestos del amor, ese dulce museo, esa galería de figuras de humo. Consuélese tu vanidad: la mano de Antonio buscó lo que busca tu mano, y ni aquélla ni la tuya buscaban nada que ya no hubiera sido encontrado desde la eternidad…
Pero las cosas invisibles necesitan encarnarse, las ideas caen a la tierra como palomas muertas.


(sobre el final de lo que dice López, una pareja, hombre y mujer, de los actores – público, sentados juntos, en primera fila, abrazados, enamorados, se levantan y se besan apasionadamente, luego caminan hacia el fondo y se retiran de la sala, mientras se acarician y besan levemente)

López
(continua con la misma naturalidad). Lo verdaderamente nuevo da miedo o maravilla. Estas dos sensaciones igualmente cerca del estómago acompañan siempre la presencia de Prometeo; el resto es la comodidad, lo que siempre sale más o menos bien; los verbos activos contienen el repertorio completo... Hamlet no duda: busca la solución auténtica y no las puertas de la casa o los caminos ya hechos -por más atajos y encrucijadas que propongan. Quiere la tangente que triza el misterio, la quinta hoja del trébol. Entre sí y no, qué infinita rosa de los vientos. Los príncipes de Dinamarca, esos halcones que eligen morirse de hambre antes de comer carne muerta.. Cuando los zapatos aprietan, buena señal. Algo cambia ahí, algo que nos muestra, que sordamente nos pone, nos plantea. Por eso los monstruos son tan populares y los diarios se extasían con los terneros bicéfalos. ¡Qué oportunidades, qué esbozo de un gran salto hacia lo otro!

Imprevistamente, como un estruendo, entra a la sala López, otro López, López Dos o López Bis, si bien son visiblemente personas diferentes en lo físico, ambos visten iguales y evidencian geston y posturas muy parecidas, casi idénticas.
Los actores – público desencadenan un murmullo muy evidente diciendo:

Auditorio
¡Es López!!.., mirá llegó López!!!, ¡López, el que entra es López”

Es una especie de coro desafinado, sorprendido y maravillado por la llegada de López Dos.
Este López Dos que ingresa es absolutamente desinhibido y desenfadado. De repente lo ve a López dando la conferencia y casi lo interrumpe, desde la mitad de la sala, gritándole efusivamente y visiblemente contento de encontrarlo:

López 2:
¡¿Qué tal López?!!!

López
¿Qué tal, che?!!!

En verdad López lo estaba esperando… inmediatamente López vuelve a ser el López tímido, apocado, antiguo, abandonando su postura de conferencista, deja todo lo que está haciendo y sale del escenario para abrazarse con López Dos. Es un abrazo diferente, López lo hace tímidamente y López Dos efusivamente, gracioso contraste, López Dos lo estruja literalmente y López se abandona al apretujón.

Actúan como si la conferencia hubiera terminado, salen caminando juntos, en realidad López Dos lo abraza a López, intentado llevarlo en vilo hacia la calle.

López cae en la cuenta de que no ha terminado formalmente la conferencia, se despende de López Dos, da un par de pasos hacia el público y dice mirando a los espectadores, entre cómplice y sentencioso:

López
Y así es como creemos que nos saludamos!!!

López regresa con López Dos, quien le habla muy velozmente, explicándole sobre la urgencia de la nada misma y el apuro por llegar a tiempo a ninguna parte, mientras se lo lleva fuera de la sala. El coro de actores – público se levanta enardecidos, al grito de: López!!!, López!!!, López!!!, se encuentran se abrazan, continúan gritando, forman una diminuta manifestación festiva y salen juntos de la sala, como una murga dse riberas desvariadas.

El escenario se oscurece y sólo queda iluminada la frase del fondo:

“ Los astrónomos aseguran que el universo es finito, lo cual no deja de ser reconfortante para aquellos que no podemos recordar donde dejamos las cosas.” Frank Zappa.

… sube la misma música del comienzo,

hasta que afuera...

el mundo se apaga.

Luis María Palacios

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