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jueves, 12 de marzo de 2009

La única manera...

“La única manera (de contar esta historia es con mandarinas)”

Desde siempre que recuerde, he sentido al teatro como un espacio de valiente resistencia cultural y creativa. Un planeta de pequeños grandes sucesos, donde el talento viene a revelarnos todo aquello que podemos hacer artísticamente por el mundo que habitamos.

Ese viernes llegué al
Camarín de las Musas con una renovada expectativa de resistencia.

Traía recomendaciones de amigos y conocidos y la poco frecuente permanencia de la obra durante tantas temporadas, cuando mantenerse y perdurar suele ser una verdadera actitud titánica y artística.

“La única manera” ha sido entonces un muy grato y sensible descubrimiento.

Escrita y dirigida por
Melisa Hermida y Ana Lidejover, luce con una dramaturgia precisa y minuciosa desde el ambiente y el tono intimista que la historia necesita. Luego acude en asociación una puesta en escena que transforma, con delicadeza y estricta poética, al texto en suceso, a lo escrito en historia viva.

Aún cuando esta basada en un cuento de Julio Cortazar, “Final de Juego”, carece de adaptación y va mas allá de una versión libre, para instalarse en el mundo interior de los personajes proclives solo a esa sustancia sensitiva. Mi impresión de espectador es que solo una aproximación poética puede involucrarse con aquello que le sucede a estas tres hermanas, cualquier otro intento de relato racional seria, por lo menos, carente de autenticidad.

A la intensidad de la dramaturgia, en medio de la simpleza del escenario y de la variedad de focos cenitales que la obra realiza sobre las intimas esperanzas de los personajes; se le suma, como una conexión exacta y necesaria, las sutiles y contundentes interpretaciones de las tres actrices en escena.

En el teatro de las sensaciones y las palabras, los escenarios materiales dicen bastante poco sin la osadía de los interpretes, en
“La única manera” las actrices componen personajes amorosamente creíbles y, en derredor de ellos, dispersan atmósferas imaginarias que cada espectador puede crearse a medida que la trama se va ocurriendo. En medio, flotando y sutil, la música llega para completar el idioma de sensaciones que se dispersan.

Sabrina Gómez, Magdalena Grondona y Ana Scannapieco, tienen una individualidad definida por sus historias e interpretaciones y una clara unicidad en la escena; toda vez que cada una queda atrapada en la trama de la otra, surge la naturalidad y la evidencia de sus conexiones. La interpretación tiene un tono cuidado y preciosista, de tiempos y expresiones. Aunque alguna composición de las actrices pueda destacarse por mayor compromiso expresivo, existe siempre una asociación emocional que las vincula inteligentemente.
Teatro un espacio de resistencia, esta vez de resistencia poética, resistir para recordarnos el prodigio de la imaginación emocional

“La única manera” ha sido para mi un hermoso descubrimiento escénico, inundado de fragancia a mandarinas…


Luis María Palacios







Data
Dramaturgia: Melisa Hermida, Ana Lidejover
Actúan: Sabrina Gómez, Magdalena Grondona, Ana Scannapieco
Vestuario: Cesar Taibo
Diseño de luces: Omar Possemato
Realización de escenografia: Julián Villanueva
Música: Jackson Souvenirs
Prensa: Walter Duche, Alejandro Zárate
Producción: Mercedes Longo
Dirección de arte: Cesar Taibo
Dirección: Melisa Hermida, Ana Lidejover

Web: http://tresmandarinas.blogspot.com
EL CAMARÍN DE LAS MUSAS
Mario Bravo 960 Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4862-0655
Web: http://www.elcamarindelasmusas.com
Entrada: $ 25,00 y $ 20,00 - Viernes - 21:30 hs - Hasta el 27/03/2009

(la data e imágenes vienen desde
www.alternativateatral.com y www.tresmandarinas.blogspot.com)

sábado, 10 de enero de 2009

VerYResistir


Interesantes, cruentos, convulsionados, apasionantes, deshumanizados y novísimos tiempos los que nos tocan vivir. 

Una hecatombe económica y financiera mundial, que a diferencia de otras crisis fulminantes, crece lentamente, se expande con parsimonia y se habla más sobre lo que se avecina, que de lo que sucede ahora mismo. Una crisis anónima, sin culpables identificados, que se va multiplicando y extendiendo como una plaga silenciosa por el planeta. 

Al mismo tiempo, una vez mas, la bestia, injusta y carnicera, la guerra, que estalla con novisimas y tecnológicas crueldades, tan similares a las anteriores… Un conflicto sin solución que parece solo justificarse con mas muertes, de uno y otro bando y que recrudece, de vez en cuando, como para que nadie se olvide que cuan enemigos encarnizados siguen siendo… 

Sin embargo, mientras se lanzan misiles furtivos o se combate en las calles de Gaza. Mientras los índices mundiales clasifican para ver quien se derrumba en primer lugar… la humanidad resiste. 

Es así que la historia de la humanidad guarda una extensa crónica de quienes han sabido resistir en los momentos mas peligrosos y críticos. 

El tipo común, mi vecino, o el de los barrios populosos de cualquier urbe, éste que cuenta el mango para el bondi, ése que trabaja la tierra mirando el cielo con la piadosa esperanza de una lluvia, aquel que vive esquivando mísiles con las sombras del terror en los talones o el que congrega voluntades para vencer una epidemia e incluso aquel que siente que por todo futuro tiene apenas este presente… esa gente resiste…. sin entender demasiado de cuanta valentía se trata… porque sienten que cuando “todo tira para abajo, es mejor no estar atado a nada” y es así que resisten “por la fe que los empecina”… 

Resistir, bate el diccionario en una de sus acepciones, significa: Sufrir un padecimiento físico o moral, o a una persona que lo causa, sin dejarse vencer por él y, a menudo, sin quejarse o tratar de evitarlo. 

VerYResistir entonces nace como un espacio donde coleccionar y refugiar historias de estos héroes anónimos y no tan anónimos, que resisten, que no se dejan vencer, que se superan a sí mismos y a la realidad que los circunda… que se empecinan en tener futuro a pesar de todo.

 Este primer VerYResistir es una crónica de vida en medio de la muerte, relatada por un corresponsal de guerra (verdaderos especialistas en retratar la resistencia), fue publicado el 08 de Enero de 2009 en el Diario Clarín, de Argentina.

De esta manera, a partir del blog de abajo y con la etiqueta VerYResistir, iniciaremos este esperanzado y fértil acopio.

Luis María Palacios

 

La palestina que dio a luz en un hospital israelí, bajo los misiles




por Juan Carlos Algañaraz, publicado por el Diario Clarín, el 08 de Enero de 2009.


   Un pañuelo le cubre el pelo a Sehelen y acentúa la palidez de su rostro, crispado por los dolores del parto inminente. Viene del campo de refugiados palestinos de Javaliya, cuyo bombardeo observó Clarín, espantado, desde la colina de "El Caballero", junto a la castigada localidad israelí de Sderot. Madre de otros cuatro hijos, la mujer es una solitaria paciente en la sala de labor de parto en el gran hospital Barzilai de Ashkelon, el centro sanitario donde llegan todas las víctimas de los misiles que se disparan desde Gaza contra Israel. Rodeada de sofisticados aparatos, Sehelen tose, se pone la mano sobre el vientre y después lanza una sonrisa forzada hacia los médicos y enfermeras israelíes que la atienden. 

     Los profesionales se negaron a la presencia de los periodistas pero la mujer insistió. No quiere que su drama, el de su familia y el hijo que se apura por llegar en medio de la guerra, queden en el anonimato. "¿De dónde son?, pregunta. "De Argentina", le contesto y ella me mira sin entender bien de dónde vengo. Otro colega precisa, "de todo el mundo" y cuando le traducen ella sonríe, esta vez sin crispación. Por la mañana, Sehelen rompió bolsa. Tiene una dignidad extraordinaria y aguanta el sufrimiento como toda una mujer. Uno de sus hijos padecía de un problema neurológico y los médicos de Gaza hablaron con sus colegas del hospital de Ashkelon. El chico fue operado y volvió al campamento, a la miseria, al abarrotamiento de gente en una de las zonas más densamente pobladas del mundo, pero también a la alegría de reencontrarse con la familia. Sehelen tenía problemas durante el embarazo de su quinto hijo en medio del clima violento, colmado de carencias, del campo de refugiados palestinos. Ella y su marido se acordaron, entonces, del hospital Barzilai, hablaron con los heroicos médicos de Gaza y estos con sus colegas de Ashkelon. 

     Así llegó esta palestina que sabe de la destrucción de Javaliya de estos días pero no tenía ni idea de dónde estaban, después de tantos bombardeos por tierra, mar y aire, su esposo y sus hijos. Por fin, logró hablar con su esposo poco antes de que llegaran los periodistas "de todo el mundo". Todos están bien. "Nosotros, nuestra familia, nuestros vecinos, queremos la paz. Estamos atrapados y somos las víctimas de una destrucción terrible", dice con tono firme. "¿Qué nos piden a nosotros que no tenemos nada, sólo nuestros hijos? ¿Qué podemos hacer ante este infierno?", reitera. "Cuando vuelva a Gaza, ¿qué va a decir de cómo la trataron en Israel?", pregunta un colega. "La verdad. Que todos me han cuidado y apoyado mucho", responde y una enfermera israelí, su amiga, le acaricia la cabeza.

     Cuando llegamos desde Jerusalen a Ashkelon, en la parte central del extenso conjunto de pabellones del hospital, estaban instalados periodistas, cámaras y fotógrafos esperando la cotidiana llegada de heridos. En un costado, algunos altos jefes militares. El doctor Ron Lowell, a cargo del Barzilai, explica que desde que comenzaron las operaciones militares de Israel en Gaza, están en estado de alerta. Han evacuado a otros hospitales a varios pacientes, a los menos enfermos les pidieron que se volvieran a sus casas, y hasta han evacuado un piso entero para recibir a las posibles víctimas militares israelíes en Gaza y civiles en la extensa zona adonde estallan los cohetes, sobre todo en las ciudades de Ashdot, Ashkelon y Sderot, la más castigada porque está casi pegada a Gaza. Salas de operaciones, el pabellón de Pediatría y otras instalaciones están instaladas bajo tierra para protegerse de los misiles que caen hace años. El profesional recuerda que al hospital llegaban entre 8 y 18 pacientes por día enviados por los médicos de Gaza, con quienes se mantenían en contacto hasta que se produjo la invasión de Israel. "Desde entonces no contestan nuestras llamadas", dice con tristeza el doctor Lowell. 

     "Cuando por fin se vuelva a abrir la frontera vendrán muchos pacientes desde Gaza. Allí hay muy buenos médicos y hospitales pero están colapsados, no tienen medios suficientes y por eso hay tantos muertos. Las imágenes que están llegando por la televisión son muy difíciles de ver", señala el profesional. ¿Y qué piensa de lo que está pasando?. "Cualquier muerte, cualquier herida es algo que debe ser evitado. También los cohetes de Hamas que son repudiables. Aquí tenemos a heridos de Gaza al lado de heridos israelíes por los cohetes. Están juntos. Y los tratan profesionales israelíes y también médicos y enfermeras árabes que trabajan en este hospital. No hay problemas. Ojalá se aprenda de esto". En uno de los pabellones, recorremos pasillos hasta bajar a un refugio antiaéreo. En una sala con dibujos en las paredes que intentan disimular lo sombrío de la situación a las pequeñas víctimas, están los pacientes que quedan del pabellón de Pedíatria. Su director, el profesor Menahem Schlesinger, explica que los chicos más afectados son los heridos por los cohetes. "¿Espera tratar niños de Gaza?". "Por supuesto, siempre lo hicimos", contesta. "¡Ojalá podamos curarlos!". Lea, la encargada de comunicaciones del hospital, proclama: "¡Tenemos el privilegio de ser una isla de sensatez en toda esta área!". Doscientos mil escolares ya no tienen clases porque el peligro es enorme en toda la zona donde caen los misiles. La novedad que causa alarma es que han caído algunos cohetes en el área de la ciudad de Gadera, a 30 kilómetros de Tel Aviv, en la zona central de Israel. Ya no es sólo la zona sur la afectada y el radio de acción de los misiles que se disparan desde Gaza se alarga peligrosamente hacia la mayor concentración de habitantes de Israel.

     En Ashkelon hay refugios por todas partes. Llegamos a uno muy especial que tiene otras réplicas en la ciudad atormentada por los misiles. Aquí se reúnen todos los días los chicos con parientes y voluntarios que los entretienen, juegan y tratan de levantarse la moral unos con otros. Al refugio se llega por una escalera profunda que conduce a una gran sala que cuenta con puertas de metal para sellar el lugar si hay ataques de cohetes.

     "Venimos a ayudarlos. Los chicos llegan con sus padres y pasan aquí muchas horas. Hace pocos días cayeron doce misiles en una jornada. Hoy explotaron dos a las 8 de la mañana y vendrán más. Cuando hay un alerta, la gente tiene pánico y corre a los refugios. Esto afecta mucho a los niños y por eso muchos no se mueven si no están acompañados", explica a Clarín en un español espinoso, Fernando de 19 años, hijo de una catalana. "Esta es una zona de trabajadores, gente humilde, que tiene que ir a sus empleos y por eso cuidamos de los chicos mientras están en sus ocupaciones. La ansiedad es terrible porque hay poco tiempo para buscar cómo cubrirse. Sobre todo de noche, porque los que se han construido refugios en sus casas es la gente que tiene más dinero. Los pobres están más expuestos", explica Fernando que el año que viene va a convertirse en un soldado de infantería.

     Clarín visita otras ciudades y cuando llega la noche consigue un taxi para ir hasta Tel Aviv. El joven conductor está reticente: explica que tiene que ir a buscar a su mujer y a su bebé. Quedarse solos en la casita donde viven convoca las peores ansiedades. Cuando arribamos a Ashkelon por radio se transmite un alerta y un misil llega a la ciudad, donde explota sin causar daños. 

     Dentro del taxi hay un silencio penoso que no se disipa ni cuando vemos la silueta imponente de los rascacielos de Tel Aviv.

 Juan Carlos Algañaraz, enviado especial del Diario Clarín, a la Franja de Gaza